Lectio Divina y Predicación Comunitaria. Dominicas de Bormujos.

12 de septiembre de 2011
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Quisiéramos compartir nuestra experiencia de Lectio Divina y predicación comunitaria. En nuestra comunidad la práctica de la Lectio se hacía de forma particular, pero desde el año 2006 se ha convertido en una experiencia comunitaria. Sin duda está siendo muy enriquecedora y queremos compartirlo con todos ustedes.

Tres días a la semana, leemos sólo el evangelio del domingo sobre el que vamos a hacer la Lectio en vez de la lectura breve de nona, para tenerlo presente durante toda la semana, además, el evangelio que diariamente escuchamos en la eucaristía nos proyecta hacia ese otro del domingo siguiente y hace de hilo conductor. Eso de tener presente el evangelio del domingo es como una “luz” que te ilumina la Palabra que recibes cada día.

Nos reunirnos una tarde semanalmente. La Lectio se hace con las lecturas del domingo próximo a ese día. Se lee la primera lectura, tras unos minutos de silencio se hacen los ecos de palabras y frases de esa lectura. Pasado unos minutos se hace lo mismo con el salmo, después con la segunda lectura y por último con el evangelio. Esto serían los pasos de lectura y meditación. Seguidamente hay un tiempo prolongado de silencio que, a veces, se interrumpe por alguna hermana que ora espontáneamente sobre lo que esas lecturas y esos ecos que ha escuchado le dice. Ese silencio prolongado nos hace orar y contemplar con la Palabra y desde la Palabra. Y por último, cada semana, una hermana se prepara una predicación.

Se lo comunicamos a Fr. Brian, pues fue él quien nos inició en esta práctica y nos pidió que compartiésemos nuestra experiencia, así es que nos reunimos para ver cómo se sentía cada una con esta práctica, cómo vemos la comunidad y qué efectos se están produciendo personal y comunitariamente. El fruto de esa reunión fue lo que sigue a continuación.

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. (Is. 50,4)Mediante la Palabra, Dios se comunica con nosotras y nos hace partícipes de su Alianza de Amor y de su Vida. Cada día nos enseña y nos guía por dónde tenemos que caminar. Ella es nuestra luz y sabiduría en cada momento. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres. (Jn. 1,4)

La Palabra trabaja siempre, y si estamos abiertas a esa semilla, ella brota y crece por sí sola sin darnos cuenta. Entra en nosotras de forma diferente, y siendo la misma Palabra, ilumina aspectos distintos de nuestra vida y nos enriquece. Por eso, con la práctica de la Lectio Divina, mediante los ecos, escuchamos lo que Dios habla, no sólo a mi personalmente, sino también a mis hermanas y a través de ellas.

Tres días de la semana leemos el evangelio del domingo, que meditaremos, oraremos y contemplaremos juntas, en la Lectio Divina. Esto te hace estar mucho más atenta al paso diario de Dios en tu vida y por la comunidad, y ver cómo nos lleva de la mano para unir corazones que laten a ritmo de evangelio, es decir, desde la paz, la sencillez y la simplicidad que nace de una vida en búsqueda constante de Dios.

Compartimos la vida de Cristo, que nos llega por su Palabra proclamada como gracia y que nos hace estar siempre en su presente, en el aquí y ahora. En esa Palabra, Cristo nos muestra su vida, su pensamiento, sus sentimientos, su forma de actuar. Y no sólo nos lo muestra sino que SE ENTREGA. El hecho de orar juntas y compartir lo que nos dice esta Palabra ya es un buen testimonio de comunión. Deseamos vivir de la misma vida de Dios y transmitirla a los demás y que ellos la vivan también.

Conocer al Dios que se engendra dentro de mí y dentro de cada una de mis hermanas es vivir la experiencia de María e Isabel (Lc 1, 39-46), que en diálogo espiritual, acrecientan lo que llevan de Dios. Cuando yo y mi hermana y en comunidad hablamos de Dios, se acrecienta la gracia de Dios en la comunidad. Dios nos visita cuando hablamos de Él y cuando compartimos la Palabra que de Él recibimos.

Como dice Willigis Jäger: “En la Lectio Divina se saborea una verdad leída. La meta de la contemplación es la percepción de Dios en el interior. Los sentidos se recogen y se interiorizan. Saboreando una frase, se deja reposar en el silencio y la paz de Dios. ”1

Todas tenemos el tesoro y todas somos buscadoras de él, y sabemos dónde está. Por eso podemos decir: aquí tenéis agua gratis para quien tenga sed. Unir a la Lectio Divina una predicación es un regalo porque vamos descubriendo y compartiendo la experiencia y la imagen que cada una tiene de Dios. El Espíritu de Dios, que habita dentro de nosotras, te hace compartir sueños, deseos e ilusiones, y nos une y nos hace crecer en fraternidad.

Y es ese Espíritu de Dios el que habla mediante esa predicación y muestra a la comunidad cuál es la voluntad de Dios para con ella y el camino por donde debe caminar, así como lo vivió y experimentó la primera comunidad apostólica: “estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban…quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar, según el Espíritu les concedía expresarse” (Hch. 2, 1-5)

Y descubres que el mensaje de la predicación no es personal: “ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios” (2P 1, 19-21). Es el Kerigma, el anuncio y oráculo que Dios quiere hacer llegar a la comunidad: “Hermanos, no están bebidos, como vosotros suponéis, sino que como dijo el profeta: Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos e hijas; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños.” (Hch 2, 15-18)

Esta experiencia la vivimos con intensidad y llega a lo más profundo del corazón, de ahí que nos haga exclamar: “¿Qué hemos de hacer, hermanos?” (Hch 2, 37) y busquemos juntas su voluntad, llevándonos siempre a la unanimidad: “Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros” (Hch 15, 28)

Esta práctica comunitaria acaba siendo una alabanza al Dios que nos une como hermanas en nombre de su Hijo Jesucristo; una bendición para cada una de nosotras de la mano de su Santo Espíritu, y una predicación que nos hace vivir hablando siempre con Dios de los demás o de Dios a todos.

Dominicas del Monasterio de Sta. María la Real. Bormujos (Sevilla)

Fuente: Página Internacional del Jubileo Dominicano.


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